Superarse

July 12, 2018

 

 

Cuando elegí esta profesión, hace ya algunas décadas, lo hacía, en parte, ilusionado porque me imaginaba ayudando a las buenas personas a superar circunstancias personales difíciles y dolorosas, que estarían condicionando sus vidas y su bienestar personal, o directamente desesperándoles. Como haría un Superman emocional que  ayuda a los buenos, pensaba en la satisfacción que eso me produciría, y por supuesto, a las personas necesitadas de ayuda.

 

Lógicamente, en todos estos años de profesión, he conocido muchas historias y en diferentes puntos. Con la experiencia tienes constancia no solo de la variedad de problemas psicológicos o emocionales que están presentes en la población, su altísima frecuencia, sino que observas muchos problemas en sus distintas fases de desarrollo. Por ejemplo puedes ver a alguien que empieza a deprimirse pero que no está deprimido todavía, puedes ver a alguien que de manera casi indetectable ha empezado a evitar situaciones con sutileza pero todavía no presenta una agorafobia completa, e incluso llegas a ver personas en remisión parcial; es decir, ves que va saliendo de su situación casi sin darse cuenta.

 

Con la experiencia y el día a día, cuando llevas años ejerciendo una profesión, (supongo que nos ocurre a casi todos en casi todas las profesiones) te vas desensibilizando (acostumbrando) a muchas situaciones que al principio te impactaban, por ejemplo; ver a alguien llorar, o que presenta una crisis de ansiedad o en pleno impacto por una pérdida importante. A veces soy consciente de esos cambios en uno mismo como psicólogo. Cuando empezaba y alguien nuevo venía a verme era muy consciente de la importancia de ese momento para la persona: su nerviosismo, las dificultades para abrirse o la trascendencia que tenía aquella primera consulta para esa persona. A mi me ha ocurrido que con el paso del tiempo veo absolutamente normal que alguien venga a consulta y en mi día a día no me paro a pensar en todo eso, simplemente... hago mi trabajo. Pero algunas veces sí tomo conciencia y entonces comento con algún paciente ¿te ha sido difícil plantearte venir a consulta, decidirte, que te ha hecho venir, cómo te sientes ahora?, porque ciertamente uno no se levanta un día y decide ir a ver a alguien que no conoce a hablarle de sus cosas y encima pagar, algo más ha de haber. Cuando hago ese simple ejercicio me doy cuenta de la importancia de cada momento en terapia...

 

Dicho lo anterior, de lo que no me he desensibilizado, es de mi satisfacción por ayudar a los demás con mi trabajo. Afortunadamente, y de manera extraña, casi diría que es una motivación que se renueva sola (quizás sea algo adictivo). Cuando alguien cruza el umbral de la puerta, me satisface pensar que ha caído en las manos adecuadas y que, con un poco de suerte, seré participe de cambios psicológicos, comportamentales y emocionales. Es un privilegio, pocas personas son testigos tan cercanos de procesos de cambio internos y que se experimentan de manera absolutamente intima. Cuando esos cambios se dan, cambia la vida de la persona, su modo de sentir, su perspectiva, a veces sus decisiones y su comportamiento. Cuando se comparan el antes y el después y se toma conciencia del cambio uno se siente satisfecho, bien con uno mismo y por los demás. Muchas personas merecen ser felices.

 

No me dejan de sorprender muchas personas, no deja de asombrarme la capacidad de muchas personas para llegar lejos en sus cambios. Personas que temblaban de pánico día si, día también, terminan afrontando su ansiedad sin una pastilla, sin escaparse y superando situaciones que antes evitaban presas del pánico. Personas deprimidas y desesperanzadas, con una losa en la espalda de pensamientos negativos y emociones que las llevaban a no querer salir de la cama, sin motivación ninguna y que terminan por retomar una vida atractiva por ellas mismas y se hacen expertas en regularse emocionalmente. Sin duda alguna, a pesar de las dificultades los humanos podemos aprender nuevas respuestas emocionales e instalar procesos y podemos hacerlo razonablemente rápido, y cuando observas eso dices ¡wuauuuuuuuuuu!, ¡¡esto sí tiene mérito....!!, aunque no salga en los telediarios. Personalmente valoro muchísimo a las personas que hacen cambios en ellas mismas.

 

Mi lógica me anima a "animar" a todas las personas al esfuerzo, a trabajar para hacerse más felices y superar los problemas. Durante el proceso de cambio y superación uno puede ya percibir sensaciones de estar luchando, de estar haciendo un trabajo para uno mismo. A la larga, todo eso se traduce en más confianza en uno mismo e incluso una valoración más positiva hacia la persona que llevamos dentro.

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