Reflexiones sobre el coronavirus

March 20, 2020

Sin duda estamos ante una situación excepcional. Mientras escribo esta entrada van más de 1000 fallecidos y no es descabellado esperar que esa cifra se multiplique por dos, o tres, cuanto menos, antes que, como todos deseamos, la magnitud del problema empiece a remitir. Cada enfermo que lo pase mal, cada fallecimiento, es un drama personal, es sufrimiento, dolor, miedo, y unida a la pena que todo esto produce, se suma el miedo en otros. Sugestión y miedo a pasar o vivir en propia carne un drama así.

 

El miedo, como respuesta emocional, puede ser ajustado a la amenaza real o no. Vemos continuamente como en las fobias o en otros problemas como la hipocondría, la percepción de amenaza supera con mucho a lo que la realidad objetiva aconsejaría. El pánico (miedo100) a entrar en un ascensor no refleja el riesgo real (mínimo) que supone el uso de ascensores, tener molestias abdominales pueden disparar el pánico en una persona hipocondríaca llegando a convencerse de la malignidad de sus síntomas, cuando en muchos casos pueden explicarse por procesos funcionales o benignos. Algunos de estos miedos persisten aun cuando las pruebas apuntan en la dirección no amenazante.

 

Los miedos cuando son desproporcionados respecto a la amenaza real motivan conductas también desproporcionadas que lejos de ser adaptativas,  empeoran la situación. Por ejemplo, una persona que por miedo a enfermar esté constantemente visitando médicos y haciéndose pruebas durante meses o años incrementa los riesgos y vive con un fuerte estrés, que a la larga podría facilitar la aparición de patologías, justo aquello que quiere evitar. Vemos así que las conductas exageradas de evitación llevan a la persona a tener más problemas, no menos...

 

Con el miedo en nuestras vidas y un ambiente social en consonancia uno de aleja más fácilmente de los datos objetivos, muchas personas ven más allá de lo que correspondería y pensando que está en una situación muy peligrosa hará todo aquello que considere necesario, dada su percepción.

 

Los humanos aprendemos rápidamente a anticipar peligros y si evaluamos una situación como muy amenazante muchos desatenderemos, como decía, los datos estadísticos (por ejemplo, las probabilidades reales de contagio, de que sea un proceso más o menos grave). En esas circunstancias solemos utilizar como criterio el grado en que uno siente que está en riesgo y no los datos.  Éste modo de procesar la información en determinadas circunstancias puede ser muy adaptativo (como cuando nuestros ancestros al atardecer al escuchar en la selva ruidos de ramas corrían a ponerse a salvo por si se trataba de un depredador. En esas circunstancias exagerar la respuesta o ponerse en lo peor puede marcar la diferencia entre vivir o morir, ser atacado o escaparse), pero en otras circunstancias no lo es tanto (¿que tiene de adaptativo comprar 100 latas de atún, 50 litros de aceite, 48 cartones de leche y 100 rollos de papel higiénico y pelear por ello? Muchos esperamos sobrevivir sin hacer esas reservas de provisiones...).

Es sabido (Khaneman y Tversky, 1991) que cuando una información está muy disponible la percibimos como más probable. A esta desviación de lo objetivo lo llamamos sesgo (el sesgo de disponibilidad). Si los medios de comunicación se ocupan durante 15 días a hablar, debatir, analizar, sobre un accidente o desgracia de un niño, muchas personas pensarán que la probabilidad de que un hijo sufra un accidente o adversidad es mucho mayor que lo que nos diría la fría estadística. Algo así como que si utilizamos la estadística la probabilidad de que a un niño le ocurra una desgracia puede ser de uno entre mil y lo que percibimos en muchos casos es la sensación de que la mitad de las veces mi hijo está en peligro.

 

En el caso que nos ocupa, al ser algo nuevo, faltan muchos datos y estudios para establecer con criterio fiable el riesgo real de contagio. Hasta donde yo sé aún no hay muestreos que informen del número de personas infectadas respecto a la población general y a la velocidad que evolucionan los contagios según la movilidad de la gente. Respecto a la gripe común esos datos si están disponibles. Sin embargo, ya empieza a saberse la capacidad que tiene la enfermedad de ser superada en los distintos grupos sociales: población de riesgo como enfermos crónicos, cardiovasculares o con enfermedades respiratorias, en donde las complicaciones pueden ser mayores que en la población general o las personas mayores y con patologías asociadas. Empieza a saberse que un 80% de la población la superará sin excesivos problemas.

 

Otro "sesgo" muy presente en distintos problemas emocionales es lo que se llama, coloquialmente catastrofización (percibir algo negativo como 100% malo). En mi opinión este tipo de percepción está muy presente en muchas personas. Porque para un porcentaje importante de las personas infectadas, la enfermedad por coronavirus es superable (alrededor del 95%), según informaciones y datos actuales y se trabaja en lineas de investigación que mejoren aún más el tratamiento para ese 5%. Además de la investigación en vacunas.

 

Las personas que tienden a preocuparse y, especialmente por temas de salud, tienen una tendencia mayor a asustarse y sufrir de manera anticipada por todo esto. No olvidemos que el sufrimiento psicológico puede llegar a ser muy perturbador...

 

Por supuesto que hay que ocuparse seriamente de esta PANDEMIA que nos toca afrontar, hay que pararlo, para que ni una sola persona más de la necesaria sufra la enfermedad, ni una sola vida más se pierda, pero el pánico, la ansiedad, la histeria colectiva, la exageración, no ayudan, por mucho que nos griten al oído. Las cosas son lo que son, ni más, ni menos. Y la mejor respuesta es saber ver la realidad. Escuchar a los expertos, a quienes estudian metódicamente y hablan por los datos, atender las recomendaciones, hacernos cada uno de nosotros responsables de cumplir con nuestro papel, para que el resultado final sea: más eficacia y menos miedo y si puede ser orgullo grupal. Nos dicen ya hace semanas que mantengamos la distancia de seguridad, que nos desinfectemos las manos, que utilicemos guantes, que evitemos el contacto físico, que no salgamos si no es estrictamente necesario... Investigar con recursos sobre vacunas, tratamientos, que ya están en marcha, apoyar a los más vulnerables, ayudar como podamos y donde podamos es mucho mejor que responder bajo una histeria colectiva que estará guiada por el estrés y el miedo, y por ende, lo irracional.

 

 

23-03-2020

 

Como era de esperar, los casos reportados por las autoridades sanitarios siguen siendo malos, aunque con pequeños matices. Hoy informan ya de más de 33 mil contagios registrados y casi 2200 fallecidos. 

Los datos que se manejan no permiten saber con precisión cuando empezará a descender la curva, los primeros signos indicarán una reducción porcentual en el número de contagios, después una estabilización, para después caer progresivamente.

 

La variable más importante es que consigamos eliminar el riesgo de nuevos contagios y se considera en el momento presente que el arma más eficaz para eso es que permanezcamos lo más aislados posible. 

Supongo que habrá todo tipo de opiniones, pero no me deja de sorprender el comportamiento tan cívico de la mayoría de personas. En otros momentos, que ahora no relataré ya tuve antes esa sensación de que las personas, la mayoría, cuando se la requiere responde. 

 

No es fácil cumplir un confinamiento de ya casi 10 días. Supongo que el miedo al contagio y el hecho de que las autoridades estén vigilantes ayuda a que los ciudadanos cumplan las normas excepcionales que se han establecido, pero lo que percibo es más conciencia del problema, las personas, en su mayoría, no solo están quedándose en casa sino que muchos son activos (socialmente) para que se cumpla la normativa establecida. Se ve en el apoyo a los profesionales que trabajan en sanidad, las fuerzas de seguridad, el ejercito, los transportistas y todos aquellos que están en primera linea de batalla, con los riesgos que eso supone. Están siendo en mi opinión, imprescindibles.

 

Cada día veo las calles vacías, apenas algunas personas, que sacan a sus mascotas, compran, etc., no voy a entrar en la picaresca que, lógicamente la hay, pero yo hablo de la mayoría, concienciada, que con su comportamiento están evitando que personas vulnerables, mayores, personas indefensas estén en una UVI sufriendo, porque con su comportamiento reducen los contagios. Cada uno de nosotros llevamos dentro nuestra conciencia y felicito a aquellas personas que, sinceramente, modifican su conducta, se esfuerzan, por un bien mayor, común: frenar al coronavirus. Si esas personas supiesen lo importante que es lo que hacen, tendrían una muy sana autoestima :-)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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