Reflexiones sobre el coronavirus


Sin duda estamos ante una situación excepcional. Mientras escribo esta entrada van más de 1000 fallecidos y no es descabellado esperar que esa cifra se multiplique por dos o tres, cuanto menos, antes que, como todos deseamos, la magnitud del problema empiece a remitir. Cada enfermo que lo pase mal, cada fallecimiento, es un drama personal, es sufrimiento, dolor, miedo, y unida a la pena que todo esto produce, se suma el miedo en otros. Sugestión y miedo a pasar o vivir en propia carne un drama así.

Los humanos aprendemos rápidamente a anticipar peligros y si evaluamos una situación como muy amenazante solemos "desatender" los datos estadísticos (o las probabilidades reales) para utilizar como criterío el grado en que uno siente que está en riesgo, más que las probabilidades objetivas. Ésto se debe a que percibimos como muy amenazante (y así lo sentimos) aquello que se teme (como 100% malo, por ejemplo). Éste modo de procesar la información en determinadas circunstancias puede ser muy adaptativo, (como cuando nuestros ancestros al atardecer al escuchar en la selva ruidos de ramas corrían a ponerse a salvo por si se trataba de un depredador. En esas circunstancias exagerar la respuesta o ponerse en lo peor puede marcar la diferencia entre vivir o morir, ser atacado o escaparse), pero en otras circunstancias no lo es tanto (¿que tiene de adaptativo comprar 100 latas de atún, 50 litros de aceite, 48 cartones de leche y 100 rollos de papel higiénico y pelear por ello? Muchos esperamos sobrevivir sin hacer esas reservas de provisiones...).

Es sabido (Khaneman y Tversky, 1991) que cuando una información está muy disponible la percibimos como más probable. A esta desviación de lo objetivo lo llamamos sesgo (el sesgo de disponibilidad). Si los medios de comunicación se ocupan durante 15 días a hablar, debatir, analizar, sobre un accidente o desgracia de un niño, muchas personas pensarán que la probabilidad de que un hijo sufra un accidente o adversidad es mucho mayor que lo que nos diría la fría estadística. Algo así como que si utilizamos la estadística la probabilidad de que a un niño le ocurra una desgracia puede ser de uno entre mil y lo que percibimos en muchos casos es la sensación de que la mitad de las veces mi hijo está en peligro.

En el caso que nos ocupa, al ser algo nuevo, faltan muchos datos y estudios para establecer con criterio fiable el riesgo real de contagio. Hasta donde yo sé aún no hay muestreos que informen del número de personas infectadas respecto a la población general y a la velocidad que evolucionan los contagios según la movilidad de la gente. Respecto a la gripe común esos datos si están disponibles. Sin embargo ya empieza a saberse la capacidad que tiene la enfermedad de ser superada en los distintos grupos sociales: población de riesgo como enfermos crónicos, cardiovasculares o con enfermedades respiratorias, en donde las complicaciones pueden ser mayores que en la población general o las personas mayores y con patologías asociadas. Empieza a saberse que un 80% de la población la superará sin excesivos problemas.

Por supuesto que hay que ocuparse seriamente de esta pandemia que nos toca afrontar, hay que pararlo, para que ni una sola persona más de la necesaria sufra la enfermedad, ni una sola vida más se pierda, pero el pánico, la histeria colectiva, la exageración no ayudan, por mucho que nos griten al oído. Las cosas son lo que son, ni más, ni menos. Escuchar a los expertos, a quienes estudian metódicamente y hablan por los datos, atender las recomendaciones, hacernos cada uno de nosotros responsables de cumplir con nuestro papel, para que el resultado final sea: más eficacia y menos miedo. Nos dicen ya hace semanas que mantengamos la distancia de seguridad, que nos desinfectemos las manos, que utilicemos guantes, que evitemos el contacto físico, que no salgamos si no es estrictamente necesario... Investigar con recursos sobre vacunas, tratamientos, que ya están en marcha, apoyar a los más vulnerables, ayudar como podamos y donde podamos es mucho mejor que responder bajo una histeria colectiva que estará guiada por el estrés y el miedo.

#coronavirus #Enfermedad #España #Psicología

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