A&A Psicólogos Pinto.

Terapia psicológica para la ira y la agresividad.

¿Qué es la ira?

La ira es una respuesta emocional más, como lo es el miedo, la alegría o la tristeza. La evolución ha dotado a los individuos de distintas emociones y  sentimientos para responder a situaciones, que en principio, nos prepararían para el correcto afrontamiento.

Si los humanos de hoy podemos responder con ira, es porque esa respuesta está en nuestro repertorio emocional y conductual, y no tenga duda, DE que a lo largo de nuestra evolución debió servirnos para sobrevivir y salir de situaciones potencialmente amenazantes.

Cuando en tiempos remotos un organismo se veía expuesto a una amenaza o potencial amenaza, por ejemplo un animal peligroso a unas decenas de metros, tenía pocas opciones:

  • o trataba de pasar desapercibido (paralizarse),

  • subía a un árbol (huida).

  • Se dejaba atacar.

  • o luchaba en el caso de ser "descubierto (para eliminar la amenaza o ahuyentar al animal)

 

Si no es posible escapar o evitar el enfrentamiento, y paralizarnos ya no es una opción porque hemos sido "descubiertos", solo queda arrojar la toalla o  defendernos, es decir,: sucumbir o luchar. En éstos casos las probabilidades de sobrevivir pueden ser mayores si sacamos toda nuestra ira porque; o bien podemos vencer en la contienda o transmitir un mensaje (yo voy a defenderme y trataré de hacerte daño). Quedarse pasivo e indefenso reduciría, en este caso las posibilidades de sobrevivir.

En situaciones menos extremas, mostrar ira puede transmitir un mensaje para que el supuesto agresor o la fuente del malestar "no se exceda" o "vaya a buscar una víctima más fácil". En ocasiones, si queremos obtener algo de alguien, mostrar ira puede dar resultado,  puede hacer que el objeto de nuestra ira ceda su posición o atienda nuestros intereses, al margen de la ética del uso de la ira para determinados fines, el caso es que puede ser reforzada por las consecuencias que produce.

La ira en sí, al igual que ocurre con el miedo o la tristeza, no es ni mala ni buena, depende de la proporcionalidad, intensidad o adecuación. Como se decía, la ira en respuesta a una situación de abuso, acoso o agresión puede ser una respuesta adaptativa, si otras respuestas emocionales o conductas no son útiles ¿veríamos mal que una persona que presencia una agresión de un adulto a un hijo responda enfadándose y preparándose para la acción si el agresor no cesa y si el padre cree que puede parar el ataque inmovilizando al agresor? La mayoría estaríamos de acuerdo en aprobar el uso de la fuerza del padre, en ausencia de autoridades. El impulso para actuar rápido y de manera contundente puede surgir de la ira experimentada.

Sin embargo, cuando la ira se presenta como un problema psicológico no es proporcionada, es muy intensa o duradera,  y a menudo es irracional. Llamamos a ésta "ira": ira patológica;porque pierde su función inicial y trae consecuencias negativas, a veces graves o trágicas, en la vida de las personas que la sufren y del entorno familiar y social La ira patológica  responde a situaciones no amenazantes para la vida o vitales, se acompaña de cambios físicos intensos, teniendo consecuencias a largo plazo en la propia salud y de  pensamientos, creencias o explicaciones absolutistas y rígidas, 

La ira como emoción puede sentirse hacia uno mismo, al juzgar (por ejemplo) la propia conducta como inadecuada, demasiado pasiva, demasiado agresiva, etc. En estos casos uno se enfada consigo mismo. De la misma manera la ira puede expresarse a través de distintas expresiones y conductas o reprimirse u ocultarse.

 

La ira patológica y las conductas que motiva, se refuerzan y mantiene por las consecuencias que produce la conducta consecuente y se acompaña de un déficit  de respuestas alternativas. Las consecuencias "positivas" de la ira patológica son solo a corto plazo. A la larga un exceso de respuestas de ira y las conductas que motiva (sarcasmo, ironía, amenazas, insultos, agresiones, vejaciones, etc) alejan a la persona de sus objetivos y, en general, aleja a los demás.

CONSECUENCIAS DE LA IRA CRÓNICA

Rara vez encuentras a alguien que presentando una tendencia a responder con ira de manera frecuente, intensa, duradera o fuera de lugar, se sienta bien. es verdad que muchas personas con problemas de ira (ira patológica) no tienen conciencia de su problema. En parte esto es algo lógico, porque la persona que sufre de ira patológica suele externalizar la causa de su ira (o bien son los demás, o la sociedad en general, o el gobierno de turno, la empresa, la pareja, etc.). Es más raro que alguien que sufre de ira excesiva sea consciente de que el problema fundamental está en su modo de responder a los problemas de la vida.

A pesar de esta falta de conciencia de la ira como problema, la mayoría con el tiempo empiezan a percibir que algo ocurre cuando se encuentran tantos conflictos y que personas significativas empiezan a evitarles. Con el tiempo pueden sentirse solos o experimentar pérdidas y de esta manera que su ánimo se resienta. Paradógicamente cuanto peor se siente una persona que tiende a la ira, más ira sentirá y casi siempre hacia los demás o el mundo,.

La ira crónica tiene consecuencias en la salud, especialmente al sistema cardiovascular. El organismo ante situaciones molestas o dolorosas en las personas con ira patológica responde de manera intensa, con cambios a nivel fisiológico, cognitivos y conductual. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué se puede hacer con la ira patológica?

¿Qué ofrece hoy día la psicología?

La ira patológica puede tratarse con terapia psicológica con éxito, en un número limitado de sesiones individuales.

 

Las estrategias cognitivo-conductuales ofrecen un conjunto de técnicas que bien aplicadas y con el debido trabajo producen cambios significativos en las reacciones airadas excesivas en la linea de hacer que las respuestas de ira sean: menos frecuentes y menos duraderas, significativamente. Además cada episodio de ira de menor intensidad, según se avanza, se utiliza para hacer las modificaciones pertinentes para una nueva reducción del problema.

Los tratamientos para la ira, como para el estado de ánimo deprimido, o para la ansiedad no son largos en el tiempo. Suponen tras la evaluación del problema el aprendizaje de técnicas y su utilización, en la consulta y fuera de ella. Una persona que se implique en su tratamiento activamente puede notar una mejora significativa en unas cuantas semanas y algunos consiguen funcionar con una reducción del 80% del problema en unos meses de intervención.

Estos son algunos de los efectos del enfado en nuestro organismo:

Aumenta la presión sanguínea, lo que con el tiempo puede provocar un deterioro en las arterias.


Se eleva el pulso cardíaco y se genera taquicardia 

 Aumenta la producción de sustancias químicas como la adrenalina, lo que altera el equilibrio natural del cuerpo 

Se desequilibra el sistema inmunológico 

Se provocan contracturas, dolores musculares y jaquecas 

Se acelera la respiración, provocando que el corazón bombee con más intensidad 

Aumenta el riesgo de padecer algunas enfermedades como gastritis, colitis y dermatitis

Estrategias para la modificación de la ira patológica

  • Técnicas de desactivación

  • Técnicas de exposición imaginada

  • Técnicas de exposición en vivo

  • Reestructuración cognitiva: de pensamientos automáticos y de creencias básicas

  • motivación a largo plazo

La mano del doctor Ellis y su Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC) se deja sentir en este libro que escribió junto a Tafrate, el enfoque de Ellis para los aspectos cognitivos de la ira son esenciales para el cambio. La modificación de creencias e ideas irracionales cobra especial relevancia en este problema.​ 

Aaron Beck, es una autoridad mundial en terapia cognitiva y lo ha sido durante décadas. En éste extenso libro expone las bases psicológicas de la ira y el odio. Un interesante libro para quien quiera profundizar en los mecanismos psicológicos de éstas emociones con potencial destructivo.

© A&A Psicólogos. Centro de Psicología en Pinto. 2018.